“Citius, altius, fortius”: más rápido, más alto, más fuerte.
Lema publicitario grabado con laser en los miembros cibernéticos pertenecientes a la línea “olímpica” Biotopix de sustitutivos corporales.
Esta gama de cibermiembros está obsoleta. ¿Deseas información sobre los nuevos modelos disponibles? (S/N). N.
… entonces podemos resumir el capítulo listando los tres problemas mentales básicos asociados a una TCR (Transformación Corporal Radical). Megalomanía, psicosis disociativa y pérdida de identidad. Fin de la lección.
Sonrió acido al oír lo de la pérdida de identidad y archivó el capitulo marcándolo como aprendido. Era todo teatro. Había accedido al material sobre posibles repercusiones psicológicas mucho antes de someterse al proceso. Lo cual estaba radicalmente prohibido, así que la pantomima de estudiarlo ahora era de cara a la galería. La técnica de Biotopix para que no leyeses la letra pequeña del contrato era hacerte firmar con los ojos cerrados. Después de firmar, según el manual de etiqueta corporativa, tenias que dar gracias por qué no te los hubieran arrancado.
Se levanto del sillón y recorrió el apartamento hacia el baño. Traducido, dos pasos a la izquierda. Le habían asignado una vivienda al estilo compacto-corporativo. Así iba a ser su nueva tapadera, su nueva vida, como Rubén Lee y tenía que habituarse. Visto lo optimizado que estaba el espacio le sorprendía disponer de un sillón. Seguro que había algún tipo de razón psicológica o comercial detrás de eso. Al igual que para las paredes ergonómicas y acolchadas de color verde pálido.
Encendió las cámaras del baño, no había suficiente superficie libre como para poner un espejo de cuerpo completo y las cámaras eran más baratas que el espacio. Se coloco en posición de firmes con los brazos levemente separados a los lados y dejo que el flujo de datos interactuara con su Brainhack modelando una imagen holográfica de sí mismo. Afortunadamente lo que le faltaba en definición a las cámaras del baño- ducha-todo en uno le sobraba a su vector de procesadores intracraneales. A los deficientes datos les añadió los detalles, médicos y técnicos, que había ido recogiendo sobre su “tratamiento”.
Tenía los ojos cerrados. No le hacía falta pero su nueva estatura aun le producía cierta inseguridad. Necesitaba concentrarse. Aun no habían cambiado su cara, la cirugía estética, como es lógico, iba al final. Muchas cicatrices que eliminar, mejor todas de golpe. Pasó los dedos por la mayor de ellas, la que le iba desde el cuello hasta los genitales. Su sentido del tacto aumentado hizo que se le pusiera la piel de gallina. Mando un comando para desactivar esa reacción involuntaria durante 10 minutos. El pelo le había vuelto a crecer. Seguía siendo rubio. Los nuevos músculos tenían aun un tacto extraño a sus sentidos aumentados. Era el tercer mes desde las infiltraciones de nanobots. Así que llevaba solo un par de semanas siendo capaz de moverlos de forma voluntaria y una desde que había salido de la capsula de soporte vital.
El micro apartamento había sido una sorpresa desagradable. Incluso cuando vivía con su padre había dispuesto de más espacio. En estos momentos saltar era un lujo que solo se podía permitir en las zonas de recreo. Y no había muchas en la instalación de investigación médica en la que ahora se encontraba. El “Taller de Carne” no era un destino turístico.
El modelo mental de si mismo incluía partes poco definidas, coloreadas en una escala de grises. Eran los ciberimplantes de los que no tenía datos, no comprendía los que tenía o la información procedía de fuentes poco fiables. Un porcentaje relucía en lo alto por encima de su cabeza brillando con un rojo intenso. 12%. La parte de si mismo que era terreno conocido. Como decían en los mapas de la antigüedad. “A partir de ahí monstruos”.
– “Conócete a ti mismo” – Murmuro entre dientes Rutger, citando la inscripción del templo de Delfos–. No, mierda. Rubén. Rubén Lee. Lee. Rubén Lee.