El daño ya estaba hecho. Es algo que poco a poco fue calando en la gente aun por encima del ruido del último concierto, la última moda o el último avance cibernético. Después de cientos de años de capitalismo salvaje, avances tecnológicos sin control, de soluciones fáciles y políticamente correctas (o eso nos hacían creer) a problemas extremadamente complicados. Llego el día en que se miro alrededor y hasta el más ciego de los hombres no pudo hacer nada más que darse cuenta de que ya no había posibilidad de arreglarlo… Y entonces la humanidad en pleno tuvo una depresión y adquirió una mirada de culpabilidad. Por supuesto ni se nos ocurrió intentar de alguna manera mitigarlo o crear una solución a extremadamente largo plazo. Simplemente a partir de aquel momento se decidió simplemente sobrevivir con un sentimiento de culpa. Si antes habíamos vendido nuestros cuerpos y nuestras almas al gran monstruo corporativo, ahora estábamos de saldo.
Esa fue la generación del “Somos culpables”. Una época en la que el pensamiento nihilista y autodestructivo se enseñaba en las escuelas y en las familias. Una época en la que el “todo vale, nada importa” dejo de ser patrimonio de adolescentes y dementes para formar parte del credo de cualquier ciudadano de a pie. Y de esa mierda moral e intelectual, de ese miasma ético, del mismo corazón urbano y mecanizado de la ausencia de esperanza, de piedad: de ahí nacimos nosotros. Y nuestra misma existencia cambia el mundo con un inesperado giro en el guión.
Claro que para ello vamos a tener que luchar contra todo y todos. Pero el metal de nuestras venas está preparado y deseoso.
Manifiesto de C.E.R.O. (Cruzados de la Esperanza, la Rebeldia y la Originalidad). Disponible en tu inmerfeed gracias al patrocinio de Mfeed “Música en tu cortex”.
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Con 17 años se pueden decir muchas cosas de una persona. Rasgos básicos de la personalidad están formados o lo bastante detallados como para ser reconocibles. Aficiones, amistades, preferencias culinarias. Todo eso despunta, necesitan ser pulidos por la experiencia, pero ahí están y es innegable su presencia. Todo eso no se aplicaba exactamente a Rutger, puesto que él era el producto del programa de aprendizaje tutelado de Biotopix y sus asesores psicológicos habían tenido mucho que decir en la construcción de sus preferencias, encaminándolo y orientándolo hacia una saludable mezcla de intereses que combinados creaban una personalidad “rica y plena”. Y además, ya antes de eso era distinto, lo que en teoría también contaba.
No solamente sus preferencias y gustos habían sido “levemente empujados” para caber en el molde preestablecido de máxima eficiencia, también lo había sido su cuerpo. A los 7 años, la red nano neuronal y todo lo necesario para su mantenimiento había sustituido su sistema nervioso. Fue bastante traumático, había tenido que aprender a andar, hablar y realizar todos los movimientos de nuevo. Lo cierto es que disfruto de cada momento. En su día se lo había tomado como una aventura. En la actualidad se preguntaba si sería capaz de hacerlo de nuevo. Esperaba que la respuesta fuese afirmativa, después de todo se encaminaba en estos momentos hacia algo similar.
Ahora que su cuerpo había llegado a su desarrollo adulto, levemente acelerado por el tratamiento Pubefast Premium, uno de los grandes éxitos comerciales de Biotopix, estaba preparado para la inserción del resto de mejoras que le convertirían en un humano 2.0. Rutger creía imaginar bastante bien lo que sería disponer de un cuerpo totalmente sobrehumano. Tenía toda la información al respecto y se le había dado tiempo para meditar si deseaba el cambio. Las simulaciones sensoriales que le habían proporcionado como “versión demo” de lo que sería su nuevo cuerpo, le habían dejado con un ansia casi física de probar por sí mismo como seria saltar 4 metros a pies juntos, levantar más de una tonelada o ser capaz de regenerar tejidos, todo tipo de tejidos, de una forma miles de veces más eficiente que su actual cuerpo. Era como convertirse en un superhéroe, salvo que todos los miembros de su equipo de trabajo, lo que sería su nueva familia, contarían con mejoras similares. No se sentiría solo.
Y de eso Rutger era algo que sabia bastante. La vida del superdotado era cuando menos solitaria, al menos hasta que había sido descubierto por los cazatalentos de Biotopix. Recordaba con facilidad su vida pasada. Su memoria era excelente incluso sin recurrir a los bancos de memoria secundaria Sonyntel Brainhack de los que ahora disponía (de hecho prefería guardar los recuerdos de su vida pasada en su memoria primaria, decían que no se notaba la diferencia, pero para él y su memoria casi fotográfica era bastante evidente) Su madre, una empleada de bajo nivel en una agencia de viajes del grupo TorchBearer, había abandonado a su padre y a él en pos de un ascenso que le supondría escalar un pequeño peldaño en la pirámide de su empresa; y lo de la pirámide era literal, la sede donde le habían mandado estaba en Egipto en el complejo turístico del valle de los reyes.
Su padre, mensajero freelance piloto de una Motocomp Yamaha altamente modificada, había sufrido bastante privándose de muchas cosas para poder darle al menos una educación básica. Incluso cuando se había dado cuenta de que la EGE (Educación Gubernamental Estándar) se le quedaba pequeña, había destinado dinero a el por encima de añadir las mejoras necesarias a su Motocomp que le habrían mantenido competitivo con sus compañeros de trabajo. Poco a poco fue bajando en el ranking de eficiencia Mensafast. Su padre, Rutger Williams sénior, decía que no le importaba y que merecía la pena. Pero Rutger podía ver claramente que su padre se había metido por su culpa en una espiral que se encaminaba a la pobreza, perdiendo cada vez más clientela. No podía consentirlo. Y por eso se alistó, a la edad de 5 años, en el programa de Biotopix.
Desde entonces había visto a su padre 4 veces, una por cada uno de los ascensos de nivel que había conseguido. Sus asesores le habían recomendado cortar con su pasado, pero a cada una de las promociones le correspondía una petición al Banco de Deseos de la compañia, y él no tenía necesidad de viajar a ver el concierto de Reepetreck (podía descargarse de forma ilegal el inmerfeed), o que le regalasen un vehículo personal (que ni de lejos se podía comparar a viajar en la motocomp de su padre).
Todos los días revisaba el ranking Mensafast y se llenaba de orgullo al ver a Rutger Williams Sr., alias Fastrack en la 7 posición. Lo hacía a espaldas del sistema, se había dado cuenta en su primera evaluación que sus visitas al ranking le quitaban puntos.
Fue el primer delito sin sanción de la compañía que cometió desde su entrada a Biotopix.
2 comentarios:
Eres un visionario.
realidad 2.0
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